domingo, 24 de mayo de 2020

50m2 - Día 46

Domingo 24 de mayo, llevamos más de dos meses confitados y parece que por fin se va viendo la luz. Pero ¿qué hago yo escribiendo un domingo? pues que estoy que me “desescalo” encima y mañana… Mañana no sé qué voy a hacer, pero me gustaría que otros planes ocupasen mi rato de escritura, y el vuestro de lectura.

Porque por fin entramos en la famosa fase 1. Y ¿ahora qué? No sabemos. Ahora que los parques se han convertido en gimnasios improvisados, que la Gran Vía parece un circuito ciclista donde apenas se permite el paso a unos cuantos coches, ahora que trozos de tela nos ocultan las sonrisas, que los abrazos deben mantener una distancia social… ¿Ahora, qué?

Parece que es el momento de ir cambiando rutinas. Mis rutinas, esas que me han servido para aguantar el día a día en estos meses, y las que se han ido cayendo por el camino, porque, salvo para seguir dándome castañazos con la lámpara, la constancia no es lo mío. Cayó el reto del ukelele (Lourdes, le debo un vídeo a tu hermano), cayó el reto de las 1000 abdominales de mi entrenador de ébano, prefería dejar la tableta de chocolate para el postre, más que llevarla puesta, cayeron las clases de inglés (creo que esas me duraron dos días) y hasta he dejado de ver a mis caras habituales en los paseos mañaneros. Ya era hora de un cambio. Eso y que mi neurona está ya a otras cosas, y como las sinapsis no están permitidas con eso de mantener la distancia social, la pobre está en servicios mínimos, los justos para escribir esta penúltima crónica, que como pasa con las cerves, nunca es la última.

Hace días que vengo pensando y soñando con el momento en que acabe todo esto. Esta maldita película de ciencia ficción en la que sin quererlo nos han dado un papel a todos. Y no es que haya acabado aún, pero quiero creer que se va viendo el desenlace.

Muchas veces he pensado en el día en que llegara el momento de despedirme de vosotros, de despedirme de esta crónica que me ha servido para espantar los miedos y ansiedades de la situación que hemos vivido. Para ponerle una sonrisa al drama. Para engañar a mi cabeza y a mi corazón. Para llenar los tiempos perdidos...

Y por fin llegó ese momento. Y me despido, confieso, entre lágrimas. De alegría, de miedo a lo que venga ahora, de agradecimiento. No sé. 
Tantos días intentando reírme de todo y ahora esas lágrimas contenidas quieren salir todas juntas. Tenían que salir. 

Pero me despido agradeciendo. A todos los que habéis estado ahí siguiendo mis tonterías cada día, animando con un mensaje o unas palabras que me hacían seguir con ello, a los colaboradores improvisados, a los protagonistas de las "cosas que le pasan a otros", al dueño de las musas que nunca llegaron, a los astros que me invitaron a escribir y por supuesto, a la mano que en la sombra se ha encargado cada día de publicar estas líneas para poder compartirlas con vosotros, sin la que mis palabras no habrían visto la luz. 
Sin olvidar a mi madre, que ha aguantado mis ausencias cada tarde (y mis conciertos de ukelele desafinado) sin un mal gesto, sin un solo atisbo de desaliento. Luchadora, siempre. 

No sé si en algún momento retomaré mis escasas dotes para la escritura, pero de ser así, que la próxima vez que escriba sea para contar los abrazos que nos hemos dado, los besos... Y las risas que hemos compartido juntos, y revueltos. 

Porque esto no va a ser una despedida sino una invitación a que nos veamos y a que sigamos riendo juntos. Así qué, ¿cuándo quedamos? 

Gracias.
Curruquilla.



miércoles, 20 de mayo de 2020

50m2 - Día 45

Miércoles 20 de mayo, día 3 en fase 0.5, y vuelve la crónica después de unos días de desescalada “literaria”  (contando con que esto tenga algo que ver con la literatura).

Y, aunque parezca que no, con este medio punto de fase que nos dieron como premio de consolación, ya se ven las cosas de otra manera. Las tiendas están abiertas, se ve a la gente con más tranquilidad por la calle… y aquí la que suscribe, culo de mal asiento, está que no se puede ni sentar de las ganas de volver a “tomar las calles”, y no precisamente luciendo capa rojigualda ni empuñando cacerolas, pero de eso mejor no hablamos.

Como digo, las calles van respirando vida, aunque sea debajo de las mascarillas. Hasta los puestos de flores de la plaza donde se ubican mis 50 m2 han vuelto a levantar los cierres y, tengo que decir que todos los días he podido ver gente haciendo cola para comprar. Parece que los urbanitas tenemos ganas de flores y de verde, aunque sea en ramos con fecha de caducidad.
Y, hablando de respirar bajo las mascarillas, acabo de escuchar que a partir de mañana será obligatorio llevarlas también en los espacios abiertos; eso sí, han dicho que se pueden quitar para comer o beber. ¡Menos mal! No me imaginaba cómo podría pasar un bocata a través de la mascarilla si están hechas para que no pasen los virus. Claro que lo que me parece que no han especificado es cómo llevar las mascarillas; han dicho que es obligatorio llevarlas, pero a ser posible, sería bueno incluso llevarlas puestas y bien. Porque no creo que funcionen mucho si las llevamos en el bolso, en el cuello, haciendo de diadema o con la nariz al aire. Lo digo desde mi escaso conocimiento en el mundo mascarilla. Hablar por hablar.

Aunque con eso de las mascarillas se va a hacer difícil muchas cosas, como por ejemplo estornudar. Ya os dije que, para los alérgicos, las mascarillas están bien, pero no se hace muy cómodo estornudar, ya que el trozo de tela delante de la boca provoca efecto rebote y “to pa dentro” otra vez. Claro que esto evitaría escenas como la que presencié hace unos días en la cola de la panadería, que un señor tuvo a bien estornudar e inmediatamente se hizo el vacío más absoluto alrededor; buena técnica para abrirse paso en la cola y llevarse el pan caliente.
Y es que esto de ser alérgico es un poco incómodo, con o sin mascarilla. Pero yo hace unos días que, ante los efectos que la primavera estaba provocando en mis narices, opté por ir a la farmacia en busca de algún remedio que me ayudara a paliarlos y el amable farmacéutico de turno me recomendó unas pastillas que yo acepté de buen grado sin darme cuenta de que eran cápsulas. Noooooo. ¡Cápsulas a mí! Con mis malas tragaderas, que me atraganto con una miga de pan… Vamos que mejor no paso a detallar el espectáculo que organizo cada vez que tengo que engullir uno de esos trozos de plástico. Mi último recurso ha sido abrirlas y ahogar el contenido en medio vaso de agua. Sí, ya sé que esos prospectos que deberían de hacerse en formato película porque nadie los lee, dicen que eso no hay que hacerlo, pero era eso o tener que hacer una prospección hasta la campanilla a rescatar una cápsula atorada, y mi frontal de minero lo tengo sin pilas. Por suerte mi alergia no es tan fuerte y solo he tenido que tomar ese plástico mortal un par de días, si no, creo que el siguiente paso era pasarlo todo por la batidora y “pa” dentro.

Y, tras este reconocimiento de una de mis incapacidades, me despido hasta la próxima, ¿cuándo será? No lo sabemos. Esto lo decidirá la Curruquilla del futuro. Hasta entonces, sed felices.  

Así se ven las flores en su hábitat natural, según fuentes serranas.











viernes, 15 de mayo de 2020

50m2 - Día 44

Viernes 15 de mayo, fiesta de San Isidro en Madrid, y tarde de tormenta, para que no podamos salir a festejar a nuestro patrón. Ahhh, no, que tampoco se puede.
Y parece que esta tarde de viernes también será tarde de nominaciones para pasar a la siguiente fase de la desescalada. En Madrid se escuchan truenos, debe de ser que las reuniones para decidir quién pasa de fase están siendo tensas en la capital, y eso que ya hay una propuesta de “ni pa ti ni pa mí” os quedáis en fase 0,5 y todos contentos. Así no debería de haber malos rollos, ¿no?
Pero ¿eso qué es lo que es? Fase 0,5. Nos dan medio punto de consolación y a esperar tiempos mejores. A ver si para la siguiente semana arañamos otro medio puntito más y lo celebramos en un bar, todos juntos, o en la calle Núñez de Balboa, que es donde parece que ahora se corta el bacalao y se junta la “movida madrileña”.

Escribo todo esto a una hora en la que aún no se ha hecho ningún comunicado oficial sobre el cambio de fase, pero como a todos nos gusta hablar por hablar, sin saber, pues yo tampoco quería ser menos. Posiblemente antes de terminar la crónica ya tengamos el veredicto final y pueda hablar con conocimiento. En unos párrafos lo sabremos.

Y perdonad que haya empezado mi crónica del día tan política, y eso que lo más relevante del día para mí era que Pablo Casado por fin me había hecho caso pasándose por la peluquería; pero es que con todo esto de la desescalada y esas manifestaciones en cierto barrio de la capital, últimamente estoy un poco crispada. Y eso que, en cierto modo, apoyo esas protestas, ¡claro que sí! Hay que reactivar la economía del país y si tiene que ser a base de comprar cacerolas nuevas, que así sea. Atención a los dueños de ferreterías o tiendas de menaje del hogar porque os vais a forrar a vender cacerolas y cuberterías. Ya podéis preparar stock. Además, tal y como como decía completamente indignada una señora manifestante ante los micrófonos de cierto programa de televisión, “no está abierto ni el Corte Inglés”; así que, pequeños comerciantes, el negocio de las cacerolas es todo vuestro.

Y dejando a un lado todo eso que pasa en la televisión, porque a veces pienso que esto solo puede ser ficción, retomo mis aventuras y desventuras en mis 50m2 (aproximados).
Ayer, el colaborador serrano me preguntaba si ya no sigo entrenando con mi “personal trainer guapísima”, porque hace tiempo que ya no hablo de ella, pero claro que sí, ahí sigo día a día con mis ejercicios. Mis rutinas en fase 0 siguen siendo las mismas que cuando estábamos desfasados, solo que ahora madrugo para pasear. Así que, cada día abro mi calendario de entrenamientos y a seguir castigando el cuerpo y la lámpara, jaleada por mi profesora a base de “vamos guapísima”, “estás hecha una campeona”.  Eso sí, os digo que llevo casi dos meses con ella (esto ya es algo serio) y nunca deja de sorprenderme; y ya no solo porque aún no haya repetido modelito, sino porque nos tiene acostumbradas a que los videos sean en interior y hoy se ha marcado el entrenamiento del día en pleno paseo marítimo, con la playa de fondo. Estará también aprovechando la desescalada. Claro que al grabar en un espacio abierto, supongo que el micro no se escuchaba bien (y eso que potencia de voz tiene como para ser pregonera de las fiestas de su pueblo) así que el audio del vídeo de hoy ha sido su voz en off, cual locutor de programa deportivo intentando retransmitir lo que su yo exterior iba haciendo. Y no es lo mismo. Me quedo con los vídeos en interior y con sus gritos de “guapísima”, que además eso de ver la playa de fondo y yo solo mis cuatro paredes, no me ha gustado mucho.  

Y con todo este lío de fases y desescaladas, creo que voy a ir desescalando también mi crónica e iré escribiendo con la periodicidad que mi procrastinación me permita. Así que con esto me despido hasta el lunes, o martes o…

¡Nos vemos!


Seguimos confitados


jueves, 14 de mayo de 2020

50m2 - Día 43

Jueves lluvioso y de nervios, los normales del día previo a un examen. Porque mañana muchas comunidades vuelven a examinarse para pasar a la fase 1. ¿Lo conseguiremos esta vez o acabaremos repitiendo curso? Próximamente en sus informativos y crónicas de confianza.

Hablando de informativos, ya sabéis que suelo ver algún telediario y no hay día que no aprenda algo nuevo. Hoy han dicho que “el 5% de la población española se ha contagiado del virus, por lo que el 95% restante, no” . Grandes mentes, sin duda. Desde Supercoco, en Barrio Sésamo, no había escuchado tal derroche de ingenio. ¿O será que algunas noticias las escriben los mismos guionistas? Tal vez para explicar todo este embrollo de las fases de la desescalada nos vendría bien un Supercoco. “Hola soy Coco, hoy voy a enseñaros lo que es cerca y lejos. Esto es cerca, hasta aquí podéis salir. Esto es lejos, ni se os ocurra” o “esto es muy cerca, mantén la distancia de seguridad”. Creo que podría funcionar.

Día de lluvia, como digo, y se ha notado en las calles vacías. Hoy la lluvia ha filtrado a los deportistas “de verdad”, esos que salen a entrenar haga el tiempo que haga, dejando en casa a los que solo salían por salir. O, haciendo otra lectura de la situación, hoy solo estábamos por las calles los idiotas que no solo han madrugado para salir, sino que además han salido con la que estaba cayendo, cuando estaba claro que hoy era día de cama, de vuelta y vuelta entre las sábanas; pero a pesar de eso, los habituales tampoco han fallado hoy.

Y con tanta lluvia, hoy los patos se han echado a las calles, como la pareja de ánades de la foto que, como veis, se paseaban tan tranquilos, sin mascarilla y sin respetar la distancia de seguridad y lo hacían frente a un coche de la guardia civil sin mayor reparo. Y es que, al menos que yo sepa, el BOE no ha dicho nada de las salidas permitidas en la fase 0 para los patos y seguramente ellos, siguiendo la máxima de “mejor pedir perdón que permiso”, se han lanzado a investigar. No les culpo, simplemente aprendo a compartir aceras con ellos; mucho más fácil compartir acera con dos patos que con un furgón de la policía, porque ¿realmente era necesario que un furgón policial circulase por la acera, en plena Gran Vía, teniendo la calzada completamente vacía? No lo parece, pero quiero creer que sus razones tendrían.

Y esto de compartir calles y aceras manteniendo la distancia de seguridad, en los paseos matutinos es fácil porque no hay mucha gente, y menos los días de lluvia como hoy, pero ayer se me ocurrió salir un rato por la tarde y la situación que encontré fue completamente diferente.  Calles repletas de gente, como podrían estar cualquier día de primavera “normal”, bancos llenos, grupos de gente en el césped. Y efectivamente esto sería lo normal en estas fechas, pero nos olvidamos de que no estamos en una situación normal. Y ayer, en ese paseo rodeada de tanta gente, sentí una especie de “fobia social” (tal y como ha definido una buena amiga) que no había sentido nunca. Y eso que viviendo en el centro de la ciudad, una solía estar más que acostumbrada a estar rodeada de gente, siempre, pero parece que las costumbres cambian rápido y últimamente lo habitual era deambular por calles menos concurridas y, tengo que reconocer, que hasta me gustaba. Aunque realmente lo que quiero, lo que queremos todos, es que esas imágenes de calles y parques vivos vuelvan a ser lo normal y que todo esto pase lo antes posible.

Mañana es San Isidro y sigo sin haber recibido una sola rosquilla del Santo. No lo digo más.

miércoles, 13 de mayo de 2020

50m2 - Día 42

Miércoles gris. De esos días que ni fu ni fa. Si hace no tanto los martes eran los días a eliminar, últimamente los miércoles se están ganando ocupar su puesto, ¿por qué? pues no sé, supongo que esto es parecido a estar en una montaña rusa, unos días arriba, otros abajo… Mañana debería de tocar arriba.

Y, a pesar de todo, día intenso, que con esto de seguir medio confitados, hay oferta virtual como para tener días de 60 horas, pero por suerte siguen siendo de 24 y hoy hasta sobraba alguna. El caso es que hoy, a mi habitual charla de naturaleza diaria, le ha salido contraprogramación; a la misma hora (no habrá más horas en el día) otra charla on line sobre una escuela para enseñarnos cómo volver al mundo rural. Hoy cambio el plan. Y por si fuera poco, toda esta semana hay una feria virtual sobre ciclismo urbano con charlas y conferencias durante todo el día, cada día; mañana un webinar sobre movilidad sostenible… Y así entre congresos, charlas, simposios y ferias, estoy pasando la cuarentena. Luego que si no quiero las claves de Netflix. No me da la vida. Un estrés de confitamiento. Eso sí, sin salir de casa tengo varios certificados de participación en congresos, que no sirven para mucho, pero quedan bien en caso de que tengas que decorar un despacho (que no es mi caso, por ahora).

Y claro, con tanto despliegue de actividades virtuales, la tecnología no tiene descanso. Que si el ordenador para atender a las charlas, la tablet para leer mis E-Books (ya llevo 6 y tengo el séptimo en espera) el móvil para estar enganchada a las conversaciones de WhatsApp… Y así están los cargadores y los enchufes con más lista de espera que las peluquerías, que hay que hacer un doodle para poder cargar todo. Vale que no es que solo tenga un enchufe en casa, pero es el que me pilla más a mano para todo y toca establecer un orden de carga diario. El turno de noche es para el móvil, la hora de la comida y siesta está reservada para la tablet y en las tardes, durante las charlas, toca cargar el ordenador para que no se me apague a la mitad. Vamos que las facturas de la luz están creciendo en cuarentena al mismo ritmo que los michelines con la operación torrija. Esperemos que no duren mucho.

Pero, aunque pueda parecer lo contrario, con esto de la desescalada ya sabéis que también me pego mis paseos diarios, cambiando pantallas por paisajes urbanos, que, aunque poco tienen que ver con los paisajes que me envía el colaborador serrano, también tienen su punto. Y así salgo cada mañana a deambular sin rumbo dentro de mi redil de 1 km a la redonda, a encontrarme con mis desconocidos habituales, eso sí, manteniendo la distancia de seguridad. Aunque hay quien eso de mantener la distancia de seguridad lo sigue a rajatabla, así tenga que ir por mitad de la calzada; que igual el putobicho ahí no le alcanza, pero un conductor un poco despistado, le pega un viaje y además gratis. Por suerte sigue sin haber mucho tráfico y las calles están bastante tranquilas, no solo por la tranquilidad de ese buen hombre que pasea por mitad de la carretera, sino porque de lo contrario, es posible que aún siguiera esperando en uno de esos semáforos que funcionan con un botón “espere verde – peatón pulse”.  Estamos ahora para andar tocando botoncitos.

Y con esto me despido, esperando que esta montaña rusa no se pare y mañana estemos algo más arriba.

Para los madrileños y madrileñas, recuerdo que acepto envíos de rosquillas del Santo, que una cosa es que no celebremos San Isidro y otra cosa que vayamos a tirar por tierra la operación torrija que tanto esfuerzo nos está costando.





martes, 12 de mayo de 2020

50m2 - Día 41

Venga que ya estamos a martes, segundo día de bares abiertos en media España, descontando los que ya han tenido que cerrar porque “se les fue de las manos el aforo”. Así somos.

Y es que viendo las noticias te das cuentas de lo irresponsable que se puede llegar a ser. Ya se han visto trifulcas por ocupar mesa en la terraza de un bar; claro que por suerte (tal y como han dicho en el telediario) las peleas parece que no están autorizadas en la fase 1, aunque hay que reconocer que sería divertido ver una pelea manteniendo la distancia de seguridad de dos metros, con los dos adversarios lanzando manotazos al aire sin llegar a alcanzarse nunca.  
Pero quitando todo esto, yo prefiero quedarme con las cosas positivas que nos cuentan en las noticias, como por ejemplo los avances en tecnología que nos van a ayudar a combatir al putobicho. Uno de esos avances es una máquina diseñada para instalarse en edificios de oficinas, que no solo te toma la temperatura al entrar y reconoce si llevas mascarilla o no (para eso habría servido un espejo), sino que además te pesa y te mide. Que aún no sé la relación entre estatura, peso y coronavirus, pero si te has pasado con la panceta la noche anterior, te bloquea las puertas del ascensor y te hace subir a patita por las escaleras. Oficinas libres de Covid y de  grasa, ¡ya!
Y, permitidme otra banalidad respecto al telediario. Por favor, que alguien le recuerde a Pablo Casado que ya están abiertas las peluquerías, que desde Curro Jiménez, esas patillas no han vuelto a ponerse de moda.

Por lo demás, pocas novedades en mis rutinas, aunque cada vez son más rostros los que se suman a mis habituales en los paseos matutinos, más miradas que se cruzan reconociéndose, cabezas que se giran, sonrisas… Y así he vuelto a ver a madre e hija corredoras, que después de varios días sin cruzarnos, ayer volvieron a aparecer y hoy han vuelto a darme esquinazo; y a la chica del vestido de flores que, aunque hoy lucía uno azul (a pesar del fresquito que hacía esta mañana), he podido reconocerla y hasta he descubierto que somos casi vecinas; o al chico de los dos perros, aunque él siga sin verme, porque es invidente.

Y, además de todos esos paseantes, cada mañana comparto aceras y asfalto con ciclistas y corredores. Y tengo que agradecer a los que, dentro de este último grupo, escupen a su paso, como si no estuviéramos todos protegiéndonos de un virus que se transmite por pequeñas gotas de saliva. Claro que sí amigos, porque nos han dejado claro que el contagio puede venir por toser o estornudar, pero hasta ahora nada se ha dicho de que el virus pueda contagiarse por ser escupido. Muchas gracias.

Y hablando de paseos y paseantes, ¿os habéis fijado cuánta gente vive ahora en cada casa? Porque si, en teoría, sólo podemos salir a pasear con las personas con las que convivimos y partimos de que todos cumplimos las normas a rajatabla...la gente ya no vive en casas, eso son por lo menos comunas hippies. Porque seguro que no os han pasado desapercibidos los grupos de cinco personas de la misma edad que pasean juntos, las cuatro chicas con el mismo outfit que convierten cualquier parcela de césped en un gimnasio improvisado, las dos parejitas que sacan juntas al perro… Que todos sabemos lo complicado que está el tema de la vivienda en Madrid, pero no sabía que lo de compartir piso se había extendido de esta manera. Pues no, no se nota nada que no vivís bajo el mismo techo. Lo dice la que sigue cumpliendo la norma y no ha quedado con nadie para salir a pasear, por si había alguna duda.

¡Hasta mañana!



    

lunes, 11 de mayo de 2020

50m2 - Día 40

Lunes 11 de mayo y, según dónde estés, primer día de fase 1 o de fase 0,5 pero, como siempre, una hora menos en Canarias.

Enhorabuena a todos los afortunados con el cambio de fase. En Madrid nos toca esperar a ver si aprobamos en la repesca, que tenemos a las altas esferas capitalinas enfurruñadas con eso de haber suspendido el examen, y a los de las menos altas esferas también cansados de la situación. Pero toca seguir cultivando la paciencia, esperemos que por poco tiempo más.

Eso sí, Madrid no habrá pasado de fase, pero no hay de qué preocuparse; una nueva superheroína recorre las calles de la ciudad pertrechada con su capa bicolor, dispuesta a protegernos de todo mal. Ahora estamos más seguros. Podéis verla en la fotografía paseando por una de las zonas más emblemáticas de la capital. Me ha tocado correr un poco para dejar constancia gráfica de su paso por Madrid, pero el documento merecía la pena.

Y es que estos días, ya lo comentaba el viernes con un amigo, vale todo para salir a la calle. Da igual que sea un chubasquero de plástico estando a 30 grados al sol, unas mallas de color amarillo fosforito tres tallas por debajo de la tuya o una bandera de España atada al cuello a modo de capa. Y ya no sé si es que la buena señora se levantó esta mañana con ganas de emprender el vuelo, con el sentimiento patrio subido, o simplemente le pilló el frío con todas las chaquetas ya guardadas en el armario de invierno, y la mujer se ha tenido que tapar con lo primero que tenía a mano. Todo puede ser, porque ha vuelto a hacer fresco y nos ha pillado a todos por sorpresa. Pero reconozco que me ha hecho gracia; como también me ha hecho gracia ver las reacciones de la gente con la que se cruzaba y he llegado a compartir unas risas con otro paseante tan incrédulo como yo ante tan peculiar atuendo. Y eso que ahora, con media cara oculta bajo las mascarillas, nos ha tocado aprender a sonreír con la mirada, y hay miradas que hablan sin voz y dicen mucho sin palabras.

Ahora la gente está dividida en dos bandos, el de los enmascarados y el de los que siguen luciendo jeta. Yo reconozco que he formado parte de los dos y es curioso cómo se tienen perspectivas muy diferentes según pertenezcas a uno u otro bando. Difícil explicar esa sensación de relativa inmunidad que te otorga ese trozo de tela pegado a tus narices, mientras miras a los del otro bando como si fueran los enemigos; y sin embargo al día siguiente la que está en el otro bando eres tú, irresponsable, pensando que eso no va contigo. Ahora luzco mascarilla de diseño y me voy acostumbrando a ensayar sonrisas con los ojos.

Y en otro orden de cosas, como ya os comenté, sigo pasando el confitamiento sin Netflix, ni ninguna otra plataforma de televisión de pago. ¡A lo loco! Y eso que varios amigos ya me habéis ofrecido compartir claves, y os lo agradezco, pero entre todas mis rutinas voy pasando los días sin tener muchas horas desocupadas. De hecho, paso poco tiempo delante de la tele, que no de las pantallas, pero este fin de semana me dio por ver qué nos ofrecía la caja tonta y tengo que admitir que no deja de sorprenderme la capacidad de los programadores de elegir películas adecuadas a cada situación. El sábado por la noche, Antena 3 nos ofrecía “Estallido”, una película sobre un virus mortal que se extendía sin control. Claro que sí, para animar no podían haber elegido mejor opción. Libro y a la cama.

Y antes de despedirme, hoy tengo que hacer mención especial a una fiel lectora y mejor amiga que ha decidido que, ahora que tenemos más libertad de movimientos, era buen momento de romperse la cadera. ¡Mucho ánimo! Y saludos también al pirata vasco que salió con tales ansias al monte que se esguinzó el tobillo. Ya dije que esta desescalada nos iba a dejar secuelas.

¡Cuídense! Mañana más.